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El cerebro cambiante

El cerebro cambiante

El cerebro cambiante

«Los hombres deben saber que el cerebro es el responsable exclusivo de las alegrías, placeres, risa y diversión, y la pena, aflicción, desaliento y las lamentaciones. Y gracias al cerebro, de manera especial, adquirimos sabiduría y conocimientos, y vemos, oímos y sabemos lo que es repugnante y lo que es bello, lo que es malo y lo que es bueno, lo que es dulce y lo que es insípido… Y gracias a este órgano nos volvemos locos y deliramos, y los miedos y terrores nos asaltan… Debemos soportar todo esto cuando el cerebro no está sano… Y en este sentido soy de la opinión de que esta víscera ejerce en el ser humano el mayor poder»

Sobre las enfermedades sagradas (siglo IV a. C.), Hipócrates

La relación entre cerebro y conducta es una de las cuestiones de gran calado filosófico que se han planteado a lo largo de la adquisición del conocimiento humano, constituyéndose como uno de los retos de mayor envergadura y trascendencia. ¿Cómo es posible que de un conjunto ordenado de células con determinadas propiedades electrofisiológicas e inmersas en complejos procesos de comunicación química pueda emerger una conducta, un proceso cognitivo o un estado mental?
La conducta entendida como una respuesta generada internamente a un estímulo externo, no se limita necesariamente a los animales (Metazoa). Podemos considerar ciertas formas de conducta en organismos unicelulares y en plantas. No obstante, cuando emergieron los animales aparecieron nuevas formas de conducta gracias a la evolución de un nuevo tipo de célula: la neurona. En términos generales, podemos decir que en las especies con sistema nervioso las neuronas presentan una estructura y una función primordial compartida. Se trata de un tipo de células especializadas que reciben, procesan y transmiten la información con gran especificidad y exactitud, permitiendo la comunicación entre diferentes circuitos y sistemas.

La potencialidad para originar señales eléctricas se debe a las particulares propiedades que presentan las membranas celulares de las neuronas. Las neuronas utilizan dichas señales eléctricas para comunicarse entre sí, dado que sus membranas son capaces de transformar estas señales de forma que puedan ser trasmitidas a otras neuronas. Los contactos funcionales entre las neuronas se denominan sinapsis. Gracias a las sinapsis, las neuronas se activan, se inhiben o sufren modificaciones de su actividad. La mayoría de los contactos sinápticos en el sistema nervioso de los mamíferos son de naturaleza química, de forma que se libera una sustancia química, denominada sustancia neurotransmisora, desde el botón axónico de una neurona para que se una en sitios especializados de otra neurona, denominados receptores. En el ser humano, el encéfalo cuenta con unos ochenta y seis mil millones de neuronas interconectadas a través de 100 billones de conexiones sinápticas. Una complejidad de enormes dimensiones, si tenemos en cuenta que supera con creces a las estimaciones realizadas sobre el número de estrellas que conforman la vía láctea.

Hoy en día se sabe que el sistema nervioso controla y regula la mayoría de las actividades del organismo. La información de nuestro entorno es captada por diferentes tipos de receptores sensoriales distribuidos ordenadamente por nuestro cuerpo. Estos recogen y envían la información para que sea procesada e integrada por nuestro sistema nervioso central. De igual forma, constantemente se están poniendo en marcha los cuidadosos planes motores que se desarrollan en nuestro cerebro y que finalmente conllevan a la coordinación de diversos grupos musculares para permitir un determinado movimiento. El encéfalo recibe, integra, procesa la información y envía diferentes señales para regular múltiples funciones en el organismo, desde la puesta en marcha de la propia conducta hasta la regulación de distintos mecanismos homeostáticos y de los sistemas endocrino e inmunológico. El sistema nervioso no solo establece un puente de unión entre la información proveniente del medio y la respuesta que el organismo realiza para adecuarse a las demandas cambiantes del entorno, sino que nos convierte en lo que somos, subyace a nuestras emociones y a capacidades tan humanas como los mecanismos de aprendizaje y memoria.

Durante los procesos de formación y desarrollo del cerebro, se generan las células que lo compondrán y se forman las conexiones y circuitos adecuados entre ellas. Los circuitos y conexiones formadas no son inmutables ya que los patrones de actividad que muestren las neuronas podrán modificarlos. ¿Para qué modificar los circuitos?, ¿qué nos aporta? La respuesta a estas cuestiones la podemos fundamentar en la relación que tenemos que establecer con un medio continuamente cambiante. Resulta que para poder adaptarnos a nuestro entorno hemos de ser enormemente flexibles y hemos de ser capaces de modificar nuestras pautas en función de lo que nos vayamos encontrando. La experiencia es crítica. Por este motivo, la actividad de las neuronas inducida por las interacciones que llevemos a cabo con un medio variable puede modificar la estructura y la función de nuestro cerebro al cambiar y reorganizar los circuitos y las conexiones presentes en éste. En una palabra, los circuitos cerebrales pueden verse modificados como resultado de la experiencia. Esta capacidad de modificar el cerebro es más notable e importante durante unas ventanas temporales denominadas períodos críticos. Podemos decir que las experiencias nos cambian; interaccionar con el entorno en el que vivimos cambia nuestra conducta y nuestra forma de pensar, al modificar nuestro cerebro. Por lo tanto, es indudable que el sistema nervioso presenta una capacidad de cambio. Esta capacidad no sólo se da durante el desarrollo de este, sino que también es posible una vez está completamente formado. A esta capacidad de cambio la llamamos neuroplasticidad. ‘Neuro’ debido a que estamos tratando con el sistema nervioso y ‘plasticidad’ en tanto que resulta maleable. Recordemos cuando éramos pequeños y jugábamos con un trozo de plastilina. Esa sustancia moldeable de colores que utilizábamos para hacer figuras y formas, que se adaptaba con bastante facilidad cuando la utilizábamos en un principio. Con el paso del tiempo, ésta se iba endureciendo y resultaba más difícil de dar forma. Con el encéfalo sucede algo parecido: durante los estadios iniciales del desarrollo resulta muy maleable y susceptible a la reorganización estructural y funcional, pero a medida que avanzamos en su desarrollo nos cuesta más modificarlo. No obstante, un cerebro adulto es capaz de aprender cosas nuevas todos los días. Asimismo, cuando experimenta una lesión, también puede reorganizarse para minimizar los efectos de ésta. Los cambios que encontramos en un cerebro adulto parecen depender fundamentalmente de modificaciones en las conexiones que establecen las neuronas entre sí (denominadas conexiones sinápticas).

El curso centra su interés inicial en cómo el tejido nervioso cambia a lo largo de nuestra vida y nos permite adaptarnos a un medio cambiante. El curso, por lo tanto, será un viaje de largo recorrido que se iniciará en el desarrollo y terminará en diferentes aspectos de la cognición humana, incluso abordando algunos aspectos patológicos sobre, por ejemplo, cómo se recupera nuestro cerebro de una lesión o cómo el estrés puede ejercer cambios funcionales y estructurales sobre nuestro sistema nervioso.

El curso proporcionará los elementos claves y la perspectiva necesaria para que aquellas personas con curiosidad sobre el funcionamiento del cerebro humano puedan reflexionar sobre cómo es posible que de un conjunto ordenado de células con determinadas propiedades y organizadas dentro de un tejido pueda emerger una conducta, un proceso cognitivo, un estado mental o incluso la propia conciencia de lo que somos.

No se exigen requisitos de formación previos para seguir el curso adecuadamente.

PROGRAMA
El cerebro cambiante.
Bases neurales de la plasticidad cerebral y los procesos de aprendizaje y memoria.
El cerebro emocional y el cambio.
¿El estrés nos cambia nuestro sistema nervioso?
Bibliografía General
CARLSON NR, BIRKETT MA. (2018). Fisiología de la conducta. Madrid: Prentice Hall.
DEL ABRIL A, AMBROSIO E, DE BLAS MR, CAMINERO A, DE PABLO JM & SANDOVAL E (eds) (2017). Fundamentos Biológicos de la Conducta. Madrid: Sanz y Torres.
FELTEN DL, O’BANION MK, SUMMO MAIDA M. (2017). Netter. Atlas de neurociencia. Barcelona: Elsevier.
MORGADO, I. (2010). Emociones e inteligencia social: Las claves para una alianza entre los sentimientos y la razón. Barcelona: editorial Ariel.
MORGADO, I. (2014). Aprender, recordar y olvidar: Claves cerebrales de la memoria y la educación. Barcelona: editorial Ariel.
MORGADO, I. (2019). Deseo y placer. La ciencia de las motivaciones. Barcelona: editorial Ariel. PUELLES L, MARTÍNEZ S, MARTINEZ M. (2008). Neuroanatomía. Madrid: Panamericana.
PURVES D, AUGUSTINE GJ, FITZPATRICK D, KATZ LC, LaMANTIA AS, McNAMARA JO. (2018). Neuroscience. San Diego: OUP USA.
REDOLAR D. (2008). Cerebro y adicción. Barcelona: Editorial UOC.
REDOLAR D. (2011). El cerebro estresado. Barcelona: Editorial UOC.
REDOLAR D. (2012). El cerebro cambiante. Barcelona: Editorial UOC.
REDOLAR D. (2014). Neurociencia cognitiva. Madrid: Panamericana.
REDOLAR, D. (2019). Psicobiología. Madrid: Médica Panamericana.
VANDERAH TW, GOULD DJ. (2016). Nolte’s the human brain. Philadelphia: Elsevier.

Modalidad:

Modalidad virtual. Grabación en directo

Servicio técnico virtual: 93 606 56 92

Idioma:

Castellano

Horas lectivas:

9 horas

Días y hora:

Miércoles: de 16:00 a 17:30 horas

Septiembre: 23 y 30 Octubre: 7, 14, 21 y 28 del 2020

Ponente:

Diego Redolar Ripoll. Profesor-tutor del C.A. UNED Província de Barcelona

Inscripción:

Devolución del importe de la inscripción: es hará la devolución del importe por motivos imputables al Consorcio, por falta de matrícula, y para cualquier otro tipo de devolución habrá que presentar la petición debidamente justificada.

Más información en el Centro:

UNED Barcelona
Av. Rio de Janeiro, 56-58
08016 Barcelona
93 396 80 59
activitats@barcelona.uned.es