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Un cerebro orquestado para jugar y decidir

«Los hombres deben saber que el cerebro es el responsable exclusivo de las alegrías, placeres, risa y diversión, y la pena, aflicción, desaliento y las lamentaciones. Y gracias al cerebro, de manera especial, adquirimos sabiduría y conocimientos, y vemos, oímos y sabemos lo que es repugnante y lo que es bello, lo que es malo y lo que es bueno, lo que es dulce y lo que es insípido… Y gracias a este órgano nos volvemos locos y deliramos, y los miedos y terrores nos asaltan… Debemos soportar todo esto cuando el cerebro no está sano… Y en este sentido soy de la opinión de que esta víscera ejerce en el ser humano el mayor poder»

Sobre las enfermedades sagradas (siglo IV a. C.), Hipócrates

INTRODUCCIÓN

La relación entre cerebro y conducta es una de las cuestiones de gran calado filosófico que se han planteado a lo largo de la adquisición del conocimiento humano, constituyéndose como uno de los retos de mayor envergadura y trascendencia. ¿Cómo es posible que de un conjunto ordenado de células con determinadas propiedades electrofisiológicas e inmersas en complejos procesos de comunicación química pueda emerger una conducta, un proceso cognitivo o un estado mental?

En el ser humano, el encéfalo cuenta con unos ochenta y seis mil millones de neuronas interconectadas a través de 100 billones de conexiones sinápticas. Una complejidad de enormes dimensiones, si tenemos en cuenta que supera con creces a las estimaciones realizadas sobre el número de estrellas que conforman la vía láctea. Hoy en día se sabe que el sistema nervioso controla y regula la mayoría de las actividades del organismo. La información de nuestro entorno es captada por diferentes tipos de receptores sensoriales distribuidos ordenadamente por nuestro cuerpo. Estos recogen y envían la información para que sea procesada e integrada por nuestro sistema nervioso central. De igual forma, constantemente se están poniendo en marcha los cuidadosos planes motores que se desarrollan en nuestro cerebro y que finalmente conllevan a la coordinación de diversos grupos musculares para permitir un determinado movimiento. El encéfalo recibe, integra, procesa la información y envía diferentes señales para regular múltiples funciones en el organismo, desde la puesta en marcha de la propia conducta hasta la regulación de distintos mecanismos homeostáticos y de los sistemas endocrino e inmunológico. El sistema nervioso no solo establece un puente de unión entre la información proveniente del medio y la respuesta que el organismo realiza para adecuarse a las demandas cambiantes del entorno, sino que nos convierte en lo que somos, subyace a nuestras emociones, a la resolución de problemas, a la inteligencia, al pensamiento, a capacidades tan humanas como la toma de decisiones o el juego, entre otras.

Los cachorros de lobo retozan entre ellos en agresiones ritualizadas motivadas por su instinto. Tienen unas reglas para el juego violento integradas en sus genes. Los seres humanos no tenemos genes para el fútbol o para jugar a videojuegos y nuestros adolescentes pueden jugar con completos extraños debido a que han aprendido un conjunto equivalente de ideas sobre estas actividades lúdicas que son compartidas y necesarias para exista una cooperación en la especie humana. A pesar de que el acto de jugar podría ser consustancial a la cultura humana, resulta importante analizarlo teniendo como marco de referencia la perspectiva de cómo ha evolucionado nuestro sistema nervioso. En este contexto cobra especial importancia el uso de videojuegos en tanto que se convertido en un rasgo cultural vertebral de la sociedad en la que vivimos con un profundo calado en diferentes ámbitos. ¿Mejoran los videojuegos nuestra cognición? ¿Qué tiene que suceder en el sistema nervioso para que estas mejoras cognitivas lleguen a producirse?

Durante el juego tomamos decisiones, pero es importante tener presente que nuestro cerebro empieza a tomar decisiones en el momento que nos levantamos por la mañana. A pesar de que los seres humanos tendemos a centrar nuestra atención en las decisiones complejas, como a quién vamos a votar en las próximas elecciones o por qué diagnóstico nos decantamos para decidir un tratamiento que sea adecuado, todos los animales necesitan tomar decisiones. Se trata de un proceso básico ampliamente conservado desde un punto de vista filogenético.

Frecuentemente nuestras decisiones parecen inconsistentes o incluso irracionales, parecen no estar fundamentadas en lo que podría ser una evaluación sensata y reflexiva de las circunstancias y de las opciones que teníamos a nuestra disposición. Se trata de una especie ceguera a la que nos tenemos que enfrentar cada día.

Es necesario tener presente que el cerebro se ha ido esculpiendo a lo largo de la evolución para fomentar la supervivencia y la reproducción de nuestra especie. Nuestros cerebros reflejan ese pasado, sobre la base de unos mecanismos que eran esenciales para la supervivencia en nuestros antepasados homínidos pero que hoy en día no resultan necesarios para dar respuesta a las necesidades de la sociedad en la que vivimos. No obstante, influyen en las decisiones que tomamos. De esta forma, a menudo no somos conscientes que muchas de nuestras decisiones están siguiendo ciertas reglas simples y eficientes orquestadas por la evolución. Los resultados de dichas decisiones no parecen racionales en el contexto del mundo que vivimos, aunque parecerían más racionales si los examináramos desde la perspectiva de cómo ha evolucionado nuestro sistema nervioso.

La finalidad de este curso es doble, por un lado, se pretende analizar el juego teniendo como marco de referencia la perspectiva de cómo ha evolucionado nuestro sistema nervioso y, por otro lado, se pretende analizar los mecanismos neurales subyacentes a la toma de decisiones que nos ayudarán a entender cómo y porqué tomamos las decisiones que tomamos. Se pretende presentar al cerebro como un elemento clave para la toma de decisiones cuyas capacidades motoras, perceptuales y cognitivas han evolucionado para fundamentar las decisiones que determinan nuestras acciones en el día a día.

El curso proporcionará los elementos claves y la perspectiva necesaria para que aquellas personas con curiosidad sobre el funcionamiento del cerebro humano puedan reflexionar sobre cómo es posible que de un conjunto ordenado de células con determinadas propiedades y organizadas dentro de un tejido pueda emerger una conducta, un proceso cognitivo, un estado mental o incluso la propia conciencia de lo que somos.

No se exigen requisitos de formación previos para seguir el curso adecuadamente.

PROGRAMA

El cerebro ejecutivo.

Cómo el cerebro toma las decisiones.

El cerebro lúdico.

Zombis, extraterrestres y superhéroes, un análisis de los efectos cerebrales de los videojuegos.

Bibliografía General

CARLSON NR, BIRKETT MA. (2018). Fisiología de la conducta. Madrid: Prentice Hall.

DEL ABRIL A, AMBROSIO E, DE BLAS MR, CAMINERO A, DE PABLO JM & SANDOVAL E (eds) (2017). Fundamentos Biológicos de la Conducta. Madrid: Sanz y Torres.

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PUELLES L, MARTÍNEZ S, MARTINEZ M. (2008). Neuroanatomía. Madrid: Panamericana.

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REDOLAR D. (2014). Neurociencia cognitiva. Madrid: Panamericana.

REDOLAR, D. (2019). Psicobiología. Madrid: Médica Panamericana.

VANDERAH TW, GOULD DJ. (2016). Nolte’s the human brain. Philadelphia: Elsevier.

Idioma:

Castellano

Horas lectivas:

9 horas

Días y hora:

Martes de 9:30 a 11:00 hores

Noviembre: 3,10,17 y 24 Deciembre: 1 y 15

ATENCIÓN

La modalidad presencial o virtual de les clases dependerá de les disposiciones derivadas de la evolución del Covid 19

Lugar:

UNED Barcelona

Av. Río de Janeiro, 56-58

08016 Barcelona

Ponente:

Diego Redolar. Profesor-tutor del C.A. UNED Província de Barcelona

Inscripción:

Devolución del importe de la inscripción: se hará la devolución del importe por motivos imputables al Consorci, por falta de matrícula, y para cualquier otro tipo de devolución habrá que presentar la petición debidamente justificada.

 

Más información en el Centro:

UNED Barcelona
Av. Rio de Janeiro, 56-58
08016 Barcelona
93 396 80 59
activitats@barcelona.uned.es